La compra de un coche, de una vivienda, de muebles, suelen ser compras que requieren de financiación por parte de una entidad financiera debido al alto precio que tienen. Estas cantidades suelen ser difíciles de tener ahorradas en su totalidad, por lo que la gran mayoría de las personas que se han comprado un coche o una vivienda han acudido a un banco, caja de ahorros o intermediaria financiera para que le gestione un préstamo con el que pagar el bien e ir devolviéndolo, poco a poco, a la entidad que se lo concedió.
La forma más ventajosa y económica de financiar la compra de una vivienda es solicitando un préstamo hipotecario. Este tipo de préstamos tiene la peculiaridad de que se establece la vivienda a hipotecar como garantía del préstamo. Es decir, que si el cliente no paga, el banco se queda con la vivienda en cuestión. Además, si se compara un préstamo hipotecario con otros tipos de financiación, éste resulta más barato ya que los intereses aplicados suelen ser más bajos.
Las entidades financieras requieren de un ahorro previo cuando se solicita un préstamo hipotecario, es decir, no financian el 100% de la vivienda, ya que conllevaría un riesgo para dicha entidad. Más bien, llegan a financiar el 70% u 80% del precio de tasación [el precio de la vivienda es el que le pone el cliente, el precio de tasación es el precio que le pone el banco, este último es el válido en la concesión del préstamo].
Cuanto mayor sea el ahorro y menor la cantidad a financiar por el banco, menos riesgo le confiere al cliente, y asimismo le concederá mejores condiciones en la hipoteca solicitada.
Asimismo, cuando el banco estudia la concesión del préstamo hipotecario al cliente, analiza, entre otros muchos datos, el ratio de endeudamiento del cliente, esto es, qué porcentaje de los ingresos mensuales estarán dirigidos al pago de la cuota de la hipoteca. Este porcentaje debe sostenerse entre el 30%-40% de los ingresos mensuales de los solicitantes de la hipoteca. Esta cantidad se establece para evitar impagos, ya que a medida que el porcentaje aumente, más dificultad tendrá el cliente para afrontar los pagos y el riesgo a impago será mayor.